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I. En tiempos del nacismo, del fachismo y del comunismo


Soòé que era Pascua.
A la misma mesa, sentados,
mi madre, una mujer anciana,
envuelta como en un silencio de algodón,
mi padre, encorvado por el peso de los aòos,
yo, y frente a mí
el Seòor Arzobispo Alojzije Stepinac,
Metropolitano de Croacia.
Nos bendijo.
Luego, dijo:
"Nosotros no tenemos enemigos,
y sus muertos están con nosotros.
"Nos rodeaba un aire pleno pascual.
Puso sobre la mesa sus bondadosas manos.
Afuera nevaba.
Luego miramos el mantel blanco.
Yo comía el pan, y lloraba.
Viktor Vida, Cortina de Hierro, 1950

El Cardenal Alojzije Stepinac comenzó a liderar la iglesia en Croacia y en el mundo en los tiempos más duros del siglo XX: durante el nacismo, el fachismo y el comunismo. Aún antes de que los Ministros de Relaciones Exteriores de Francia y de Inglaterra (Daladier y Chamberlain) intentaran, una vez más, llegar a un acuerdo con el monstruo Hitler, en Munich, aòo 1938, y los poderosos líderes de estado F. D. Roosvelt y W. Churchill dibujaban el mapa de Europa, mientras compartían un whisky aòejo con otro de los criminales mundiales en Teheran, aòo 1943, Stepinac, sin poder alguno sobre dichas fuerzas, era totalmente conciente de todos los crímenes más grandes de su siglo, y los sentía en forma directa sobre su planeta y sobre su nación.En el a òo 1937, mientras encabezaba en Zagreb una asociación que brindaba ayuda a los refugiados del nacional-socialismo, más tarde aclara él mismo que la Iglesia, en ocasiones como ésta, debía, con esfuerzo, atravesar dificultades, y en forma continua buscar modos de estar del lado de la humanidad, y ser solidarios con el sufrimiento humano, también en tiempos de crímenes masivos cometidos en su contra. Stepinac luchó constantemente con los hombres fuertes, para proteger a los afectados. Fue testigo directo de la condición de esclavitud de la nación croata bajo la hegemonía serbia y fue conciente de que, con vecinos así, la nación croata podía continuar con vida únicamente en un estado independiente. Fueron posibilidades tormentosas, en las cuales debía cuidarse atentamente que el remedio no fuera peor que la enfermedad, así como aquellas en las que a veces se debía elegir la posibilidad del mal menor.

El Cardenal Stepinac no era querido ni por los nazis ni por los comunistas y, como ni unos ni otros podían tenerlo de su lado, lo acusaban de ser simpatizante de los otros. Por ello, era considerado para ambas partes como persona non grata, y sus conductas hacia él dependían de lo considerado por las autoridades, es decir, qué les traería menores daòos, y qué más beneficios. En numerosos lugares se publicó el testimonio del reconocido escultor croata, Ivan Metrovic. Conociendo perfectamente las circunstancias que rodeaban al Cardenal Stepinac, le advirtió, en forma discreta, en el aòo 1943 en Roma, que su vida corría peligro. Stepinac sólo contestó que era conciente de ello y que no tenía miedo, y que contaba con información fundamentada de que querían eliminarlo tanto los nazis como los comunistas. No es casual que, con motivo de la muerte de Stepinac, en el Congreso de los Estados Unidos de América, se haya destacado en forma oficial, entre otras cosas, que él fue "un abierto opositor de las prácticas del nacismo y del comunismo", y que se le había confiado, en los aòos de guerra, "el asegurar con éxito la fuga de muchos judíos refugiados hacia la libertad" (Nikolic, 1980, pág. 221).

Sin embargo, aunque se comprometía de palabra y de obra con las víctimas del nacismo y del comunismo, a pesar de que los nazis, como clara y amarga advertencia, mataron sin piedad a su hermano de sangre, a pesar de haber sido condenado y víctima mortal de un proceso judicial montado y público en los tiempos más oscuros de un régimen stalinista, algunos, también del mundo exterior, en general por diversas causas, aceptaron la propaganda stalinista proveniente de Belgrado, y como consecuencia de esto no fueron siempre justos respecto de la vida y la obra del Cardenal Stepinac. Por supuesto, a esto se suma el hecho de que el Cardenal era miembro de una nación que, por falta de suerte, como ocurrió también con numerosas naciones europeas, no logró ser valorado por parte de los stalinistas ni de los hitleristas. Ni en aquellos tiempos tan difíciles Stepinac se apartó de la solidaridad con la gente en desgracia, brindando la mayor ayuda que le era posible dar. Los mismos párrafos extraídos de diarios de la época nos lo hacen sentir:

" En octubre de 1941 dio a conocer la declaración de los obispos croatas contra el catolicismo forzado de los serbios ortodoxos, explicando que el paso a la fe católica debiera ser totalmente voluntaria y fuera del alcance de las autoridades civiles. Protestó duramente en el aòo 1943, ante el Ministro de Italia contra los crímenes de los italianos al sur del país, y causó la envidia del gobierno croata por juzgar el castigo masivo por actos de sabotaje. Al mismo tiempo, trabajaba en forma constante para atenuar el sufrimiento de los judíos, los serbios y los eslovenos, y demás víctimas de perseguimientos, y salvó numerosas vidas" (The Times, Londres, 11.2.1960).Cuando los comunistas llegaron al gobierno, dejaron obrar al Cardenal Stepinac en paz, ya que conocían muy bien su orientación de base y su honradez. De esa forma, durante quince meses pudo "trabajar libremente" en Croacia, por supuesto, en las conocidas condiciones de un régimen stalinista. Pero al darse cuenta las autoridades yugoeslavas de que no podrían ponerlo de su lado ni convencerlo de separar la Iglesia Católica en Croacia del Vaticano, el proceso al Cardenal Stepinac tuvo, al parecer, como fin inmediato, eliminarlo y desacreditar a la Iglesia Católica en Croacia ante toda la opinión pública mundial, acusándolo de haber colaborado con los nazis, y con ello provocar temor en todos los fieles croatas, quienes demostraban oposición inquebrantable al régimen stalinista. Es sabido que, luego de la condena de Stepinac, el mismo Milovan Djilas, entonces segundo hombre en el estado, numerosas veces declaró que el Cardenal era inocente, pero por necesidades políticas, según se justificaba Djilas ante el Occidente, debía ser condenado.Hoy, luego de pasados varios decenios del siglo de vida y obra de Stepinac, se conoce al detalle el contexto en el que él trabajaba, así como todos los demás factores sobre su persona y su obra. Todo ello nos habla de que, con su sublime figura y con su obra, el Cardenal Stepinac excedió los límites de su tierra natal y del tiempo de su vida terrenal, y superó el goce de pertenecer a una sola fe. Con ello, el Cardinal Alojzije Stepinac, mártir inocente del enga òo cruel del comunismo y luchador inquebrantable de los tiempos de los peores males del siglo XX a favor de los derechos de todo hombre y toda nación, y quien por su obra humanitaria extrajo inspiración y fuerza de una fe auténtica en Dios y deseos de bien para cada hombre, con grandes motivos y honorable obligación, la Iglesia Católica lo beatificó oficialmente sólo treinta y ocho aòos después de su muerte, en el centenario de su nacimiento.

Los progenitores del cardenal Stepinac: Josip Stepinac ( 1934) y Bárbara Penic de Stepinac( 1948)


CoverSimun Sito Coric
CARDENAL ALOJZIJE STEPINAC
Hechos fundamentales sobre su personay su obra

Editor: Centro informativo croata
Coeditor: Congreso mundial croata
Director General: Ante Beljo
Director Gráfico: Gorana Benic-Hudjin
Imprenta - ZagrebTirada:2000 ejemplares

Contenido
I. En tiempos del nacismo, del fachismo y del comunismo
II. Marco para una biografia
III. Declaraciones del 3 de octubre
IV. Declaraciones del Cardenal Stepinac y otros escritos sobre su persona
V. Seleccion de libros publicados sobre el Cardenal Stepinac
Informacion sobre el autor 35

En Croacia, el libro se puede adquirir en el Centro informativo croata, mientras que en el extranjero lo distribuye el Congreso Mundial Croata
Precio del ejamplar:5DEM;5USD

 

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