III.
Declaraciones del 3 de octubre
A todas las acusaciones que aquí se han lanzado en contra
mía, aun cuando sé que el público aprovechará la ocasión para reir, respondo que mi
conciencia está completamente tranquila, y que no tengo intención de defenderme.
Centenares de veces se ha repetido aquí "el acusado
Stepinac", pero demostrará escasa inteligencia el que no vea que, detrás del
acusado Stepinac, el que se sienta en el banquillo de los acusados es el Arzobispo de
Zagreb, el Representante de la Iglesia en Yugoslavia. Vosotros mismos habéis insistido
con los acusados eclesiásticos aquí presentes para que confesaran que sólo Stepinac es
el culpable de su situación presente, que únicamente él es la causa de su actitud y de
la del pueblo y el clero. Un simple Stepinac no puede tener semejante influencia, pero si
puede tenerla el Arzobispo Stepinac.
Desde hace diecisiete meses, se realiza una campaña contra
mí, tanto en la prensa como en la vida pública en general. De hecho, hace doce meses que
sufrí un internamiento en el palacio arzobispal.
Se me inculpa del llamado "rebautismo" de los
serbios. Esta es, ante todo, una expresión inexacta, porque cuando uno ha sido bautizado
no tiene necesidad de ser rebautizado; se trata sencillamente del paso de una religión a
otra. No tengo intención de hablar extensamente, sólo digo que mi conciencia no me acusa
de nada y que un día la historia dictará su veredicto sobre esta cuestión. Es un hecho
que me vi obligado a trasladar a un párroco porque los ortodoxos lo amenazaban de muerte,
por retardar su conversión. Y también es un hecho que durante esta guerra, la Iglesia se
vió obligada a desenvolverse entre mil dificultades; de parte nuestra, se trataba de
prestar ayuda al pueblo serbio, con la intención de ayudarle.
Me acusáis de haber solicitado el Convento ortodoxo de
Orahovica (un antiguo convento católico de los Padres de la Congregación de San Pablo)
que estaba abandonado, con el objeto de instalar a los Padres Trapenses, expulsados por
los alemanes de Rajhemburgo. Yo creo que era un sagrado deber mío amparar a esos Padres.
Se me adjudica, como si fuese un gran delito, el haber sido
Vicario Castrense. El Presidente del Tribunal me ha preguntado si no he condenado como
traición a Yugoeslavia el haber entrado en relación con el Estado Independiente de
Croacia (NDH) para este asunto. Fuí Vicario castrense, porque bajo la antigua Yugoeslavia
me esforcé, durante estos ocho o nueve años, en regular esta cuestión; pero no se
llegó a una solución definitiva y sólida. Esa cuestión estaba regulada en el
Concordato, pero éste fué abolido por Belgrado, no obstante mi reciente ratificación.
Cuando la guerra germano-yugoeslava tocaba a su fin, me sentí obligado a brindar ayuda
espiritual a los restos de las fuerzas católicas del antiguo ejército yugoeslavo y, al
mismo tiempo, a los soldados del nuevo Estado Independiente de Croacia. Si el Estado se
hundía en la catástrofe, los soldados quedaban y era necesario tener en cuenta la nueva
situación.
Yo no era persona grata ni a los alemanes ni a los
ustachis; jamás les presté juramento, como hicieron algunos de vuestros funcionarios
aquí presentes. Pero sería un vil si no sintiera el pulso del corazón del pueblo
croata, que era esclavo en la antigua Yugoeslavia. A los croatas no se les permitía
alcanzar los grados superiores del Ejército, ni ingresar en la diplomacia, sino a
condición de cambiar de religón o contraer matrimonio con mujer de otra religión. Aquí
se halla el fundamento real y el fondo de mis circulares y de mis discursos. Todo cuanto
yo he dicho sobre el derecho del pueblo croata a la libertad y a la independencia, está
de acuerdo con los principios de la moral, nadie puede rechazárselo a ese pueblo. Acaso
esto se halla en contradicción con los principios de los Aliados? La misma Santa Sede ha
subrayado muchas veces el derecho de los pequeños pueblos y de las minorías a la
libertad. No podrá un Obispo católico, un Arzobispo, decir una palabra sobre esta
cuestión? Si es necesario dar la vida, la daremos, porque hemos cumplido con nuestro
deber.
Si pensáis que el pueblo croata está contento con su
suerte actual, dadle ocasión de pronunciarse libremente; por mi parte, no existe ninguna
dificultad; yo he respetado y respetaré la voluntad de mi pueblo.
Me acusáis de ser enemigo del Estado y de los poderes
populares. Queréis decirme cuál era mi autoridad civil en 1941? Eran acaso Simovic en
Belgado, o el gobierno de Londres al que calificáis de traidor, o bien el de Palestina, o
vosotros mismos, que habitábais entonces en medio de los bosques? Para mí vosotros sois
poder a partir del 8 mayo de 1945.
Por ventura podía yo obedecer a vosotros, que estabáis
ocultos en los bosques, y a los que estaban en Zagreb? No se puede servir a dos amos. Esto
no se conforma ni con los principios de la moral, ni con el derecho internacional o con el
derecho simplemente humano. Sólo podíamos tener en cuenta al poder establecido en
Zagreb, a pesar de que este poder fuera ustachi. El era el poder que mandaba.
En cuanto a mis acciones terroristas de que habláis, no
poseéis ninguna prueba. Si Lisak, Lela Sopijanec y otros llegaban hasta mí con nombre
supuesto; si he recibido cartas, que tampoco leí; si es un delito que la gente venga a
mí, entonces aceptaré la condena tranquilamente. Sí, yo di a Marie una recomendación,
y por ello no debo hacerme reproches: mi conciencia está tranquila, ya que mi intención
no era realizar nada contra el orden establecido, y con este delito sobre la conciencia
podré afrontar tranquilamente la sanción. Lo creáis o no, me da lo mismo. El procesado
Arzobispo de Zagreb sabe, no sólo sufrir, sino también morir por su convicción. El
mismo jefe del gobierno, Bakaric, ha dicho al sacerdote Milanovic: "Estamos
convencidos de que detrás de estas acusaciones se encuentra el Arzobispo, pero carecemos
de prueba." Esta contestación es suficiente para mí. Y ahora veamos en qué
consiste el punto de nuestra discordia, nuestra dificultad, y por qué razones no hemos
llegado a una pacificación de nuestro país. El Ministerio Público ha afirmado repetidas
veces que en ningún otro país existe tanta libertad de conciencia como en este Estado.
Me tomo la libertad de citar algunos hechos de los cuales se desprende todo lo contrario.
Reitero ante todos los presentes: de 260 a 270 sacerdotes
han sido asesinados per el N.O.P. (Movimiento Popular de la Resistencia).
En ningún otro Estado civil del mundo han sido castigados
de esa manera tantos sacerdotes por el delito que se les imputaba. Por ejemplo, pudisteis
condenar al párroco Bürger de Slatina, miembro del Kulturbund, a ocho años de prisión;
sin embargo, lo habéis condenado a muerte y lo ejecutasteis porque, como decano, hizo
transportar de la cercana iglesia de Vocin los objetos de culto, como era su deber.
Reitero: en ningún Estado civil se juzgaría de esta manera. El sacerdote Povocjnjak fué
asesinado en la calle como un perro. Esto se refiere también a los religiosos: en ningún
Estado civil se había condenado a muerte, sino a lo sumo, a prisión. Habéis cometido un
fatal error asesinando a estos sacerdotes. El pueblo no lo olvidará jamás.
Nuestras escuelas católicas, que construímos con tantos
sacrificios, nos han sido arrebatadas. El trabajo en nuestros Seminarios es ya imposible.
Si yo no hubiese recibido siete vagones de América, este año no podríamos ni siquiera
dar comienzo a las clases; y aquí se trata de los hijos de nuestros pobres aldeanos. Por
la fuerza habéis arrebatado a los Seminarios todas sus propiedades. No habéis hecho nada
menos de lo que hizo la Gestapo, que entró en posesión de Mokrice. No somos enemigos de
la reforma agraria, pero es preciso llevarla a cabo de acuerdo con la Santa Sede.
Nuestros orfanatos se hallan imposibilitados para
funcionar. Nuestras imprentas han sido destruídas y en algunos lugares no existe ninguna.
Nuestra prensa, que ya fué objeto de tantos ataques vuestros, ya no existe. No es, pues,
un escándalo afirmar que la Iglesia no gozó en ningún lugar de mayor libertad que
aquí? Los Padres Dominicos han impreso un librito piadoso, que yo mismo traduje del
francés, gastando aproximadamente 75.000 dinares.
Cuando el trabajo estuvo terminado y se quiso retirar el
libro, éste no fué entregado, con el consiguiente grave perjuicio. Es ésta la libertad
de imprenta?
Nuestra Sociedad de San Girolano ha desaparecido y no puede
seguir trabajando. Es un grave delito contra el pueblo proceder de esta forma contra la
más importante de nuestras instituciones culturales. También me habéis reprochado el
"Cáritas", que ha prestado enormes servicios al pueblo e incluso a vuestros
hijos.
En cuanto a la enseñanza del Catecismo, habéis
establecido el principio: en las clases superiores de la Escuela media no se puede dar la
enseñanza religiosa, en tanto que en las inferiores es optativa.
Cómo podéis permitir a jovenes que no están en grado de
juzgar, decidirse en favor o no del Catecismo, cuando negáis esta opción a los alumnos
más maduros, que poseen ya el derecho de voto?
Y los hospitales católicos atendidos por nuestras
religiosas, ·cuántas dificultades no han de superar!
Contra la voluntad de la aplastante mayoría del pueblo,
habéis introducido el matrimonio civil. Por qué no habéis expresado esta libertad
respetando la voluntad de nuestro pueblo? En América esta cuestión está mejor regulada:
quien desea el matrimonio civil puede tenerlo, pero, simultáneamente, se consiente, para
el que lo quiere, el matrimonio canónico.
No negamos un determinado control respecto al matrimonio.
Pero hay que tener presente que nuestro pueblo sufre mucho al verse obligado, primero, a
verificar el matrimonio ante la autoridad civil, y después solamente en la iglesia. Si
hubieseis acudido a nosotros, os hubiéramos dado sugerencias en el sentido ahora
expuesto.
A determinados religiosos de Backa les han sido incautados
sus edificos. Algunas iglesias de Split han sido convertidas en depósitos, y no sé si
aún lo seguirán siendo Los bienes de la Iglesia han sido confiscados sin mediar acuerdo
alguno con la Santa Sede, y vosotros comprobasteis cómo el pueblo no quería aceptar esa
posesión.
Pero, todavía, las cuestiones de carácter material tienen
una importancia mínima. Más doloroso es en la actualidad el hecho de que ningún obispo
ni sacerdote tengan su vida segura ni de día ni de noche. El obispo Srebrinc ha sido
atacado por agunos jóvenes en Sirsok, instigados por ciertas personas, y durante tres
horas matrataron al prelado en su cámara y lo vejaron de todas las maneras, en presencia
de la Policía y de la milicia. En Zapresic ocurrió lo mismo. El obispo Lach, cuando se
hallaba en Drava administrando la confirmacón, fue detenido toda una noche. Incluso
algunos de los vuestros que se encontraban en los bosques me han dicho: "Es indigna
esta forma de proceder; protestaremos ante la autoridad." Al obispo Buric le atacaron
los vuestros en tanto que él se encontraba administrando la confirmación.
La libertad es, sencillamente, ilusoria. Nosostros no
aceptaremos ser esclavos sin derecho; lucharemos con todos los medios licitos en defensa
de nuestros derechos en este Estado.
He dicho todo esto para que comprendáis las razones de
nuestra lucha. Ahora expondremos otros tres o cuatro ejemplos de esta libertad; En los
libros escolares afirmáis, contrariamente a todas las pruebas de la Historia, que
Jesucristo no ha existido. Sabed: Jesucristo es Dios. Estamos dispuestos a morir por El; y
hoy se dice, en nombre de una falsa ciencia, que Cristo no ha existido. Si un profesor
osara enseñar lo contrario, habría de temer con certeza su expulsión de la escuela.
Señor procurador del Estado: yo debo decir que en estas
condiciones la Iglesia no es libre; que aquí, en breve, estará completamente aniquilada
la libertad. Cristo es el fundador del cristianismo. Defendéis a los serbios ortodoxos.
Yo os pregunto: Cómo podéis concebir la ortodoxia sin Dios? Es absurdo.
En cuanto a la Madre de Dios, se dice en los libros
escolares que fué una prostituta. No sabéis que para nostros los católicos, como para
los ortodoxos, la Madre de Dios es uno de los conceptos más santos?
Ordenáis - y ésta es la enseñanza oficial - que se
enseñe que el hombre procede del mono. Si alguno tiene la ambición de descender del
mono, es libre de hacerlo; pero cómo se puede erigir esto en teoría oficial?
Según vuestras concepciones, el materialismo es el único
sistema admitido. Qué significa esto? Esto significa que se suprime a Dios y al
cristianismo. A no ser que la materia sea perfecta para la libertad misma.
Uno de vuestros hombres más destacados ha dicho: "En
este Estado no existe personaje alguno que esté exento de comparecer ante los Tribunales
y ser condendo." A las repetidas acusaciones segun las cuales se nos considera
asesinos y simpatizantes de los terroristas, yo digo que en el antiguo Estado
Independiente de Croacia no todos los delitos fueron cometidos por el ejército y los
ustachis. La Iglesia no podía desempeòar sus funciones fácilmente. Tuvo necesidad de
atravesar numerosísimas dificultades.
No se piense que quería la guerra. Las actuales
autoridades establecieron tratados con la Santa Sede. La Iglesia no acepta imposiciones,
pero no se opone a acuerdos honestos. Esto se puede lograr. Y en este caso, los obispos
sabrían cuáles serían sus deberes y no habría necesidad de buscar sacerdotes que les
acusasen de sus defectos, como ha sucedido aquí.
Antes de concluir quiero decir algunas palabras al partido
comunista, que es mi verdadero acusador. Si se pensase que nuestra presente actitud ha
sido dictada por razones de carácter material, se cometería una inexactitud, porque
nosotros hemos permanecido firmes aun después de ser reducidos a la pobreza. No nos
oponemos a que los obreros obtengan mayores beneficios en sus empresas, porque eso está
comprendido en el espíritu de las Encíclicas pontificias; nunca estuvimos en contra de
las reformas justas.
Pero exigimos que los comunistas, que permiten profesar el
materialismo y difundirlo, también nos consientan profesar nuestros principios y
defenderlos. Los católicos supieron morir por estos derechos y siguen muriendo por ellos.
Concluyo: con buena voluntad se puede llegar a un acuerdo,
pero la iniciativa debe ser tomada por la autoridad del Estado. Ni el Episcopado ni yo
estamos facultados para celebrar acuerdos: eso compete a la autoridad del Estado y a la
Santa Sede.
En cuanto a mí y a mi proceso, no solicito gracia: mi conciencia está tranquila."
Simun Sito Coric
CARDENAL ALOJZIJE STEPINAC
Hechos fundamentales sobre su personay su obra
Editor: Centro
informativo croata
Coeditor: Congreso mundial croata
Director General: Ante Beljo
Director Gráfico: Gorana Benic-Hudjin
Imprenta - ZagrebTirada:2000 ejemplares
Contenido
I. En tiempos del nacismo, del fachismo y del comunismo
II. Marco para una biografia
III. Declaraciones del 3 de octubre
IV. Declaraciones del Cardenal Stepinac y otros escritos sobre su
persona
V. Seleccion de libros publicados sobre el Cardenal Stepinac
Informacion sobre el autor 35
En Croacia, el libro se puede adquirir en el Centro informativo croata, mientras que en el
extranjero lo distribuye el Congreso Mundial Croata
Precio del ejamplar:5DEM;5USD
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