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24 de mayo de 2010
Ante Starcevic, ideólogo de la emancipación nacional de CroaciaBranko Kadic
Este año se cumple el sesquicentenario del nacimiento de Ante Starcevic. En breves trazos delinearemos la semblanza de este "vivificador del nacionalismo croata, el héroe nacional, el padre de la patria"(1), el ideólogo político de mayor envergadura que asomó en el escenario político de Croacia en el siglo pasado.
Para comprender mejor la trascendencia de este prohombre descollante, valorar su papel histórico y evaluar su legado ideológico-político es menester situarlo primero en su contorno físico, luego en el contexto histórico y, por último, considerar posteriores, actuales y futuros alcances de su actuación y de sus enseñanzas 

Ante (Antonio) Starcevic nació el 23 de mayo de 1823 en la retirada aldea Zitnik, en la pobre, pedregosa y atrasada región de Lika. Sus padres eran campesinos, habituados a una vida muy dura, llena de privaciones y sacrificios. Se educó en un hogar humilde pero virtuoso y respetuoso de las nobles tradiciones y añejas costumbres. Su período vital coincide con el despertar patriótico de varias nacionalidades europeas, sobre todo en la Europa central y sur-oriental. Croacia integraba como reino asociado el imperio multinacional de los Habsburgos juntamente con Austria, Hungría, el norte de Italia, Bohemia, Eslovaquia, Eslovenia y las partes occidentales de Polonia.
En aquel entonces su patria chica, Lika, formaba parte del Confín Militar, es decir, de una amplia zona lindante con el moribundo imperio otomano, junto a la frontera de Bosnia, que se extendía desde el Adriático hasta el río Drava y que desde principios del siglo XVI era gobernada generalmente por jefes militares del ejército austriaco y fuera de la competencia de la Dieta y del virrey de Croacia. Como las incesantes embestidas turcas provocaban importantes movimientos emigratorios de la población aborigen, con el tiempo en esa zona fronteriza, devastada y despoblada se radicaron los más variados elementos raciales y religiosos, muchos de ellos cismáticos. Es este elemento el que en tantas oportunidades desempeñará el papel de una quinta columna en Croacia, sirviendo tanto a Viena como a Budapest como instrumento dócil para hacer frustrar los derechos y las justas reclamaciones croatas.
La vida en el Confín estaba totalmente militarizada. Semejante a los "limes" del Imperio Romano, el único ejemplo en la historia de una amplia región donde todos vivían como soldados en un gran cuartel. Cada varón de dieciocho a sesenta años estaba en servicio activo. La fuerza numérica de los regimientos variaba, pero en general llegaba a unos 60.000 hombres. Los estamentos croatas y luego la Dieta de Zagreb (especialmente los partidarios de Starcevic) no cesaban de reclamar su incorporación politico-administrativa y su unificación con Croacia, sobre todo cuando pasó el peligro turco y su existencia se tornó anacrónica e irritante. Su disolución se operó recién en 1881, cuando el Confín quedó totalmente desmilitarizado e incluido en la administración del virrey (ban) de Croacia. Viena tardó tanto en disolverlo porque la Marca Militar le suministraba alrededor de la cuarta parte del total de sus efectivos regulares terrestres, es decir, la fuerza militar más disciplinada y más barata que pueda imaginarse.
En la década del 1860 el Confín Militar hervía de descontento. A la opresión política y administrativa cabe agregar el creciente empobrecimiento de la población, pese a la gran riqueza forestal, explotada por otros. Los "fronterizos" no podían emigrar, ni comprar ni vender tierras, salvo dentro de los límites de su región y en condiciones muy rigurosas. Tales privaciones y limitaciones eran insoportables en la segunda mitad del siglo pasado. El Imperio de los Habsburgos no supo contemporizar ni transformarse a tiempo en una estructura político-estatal multinacional lo bastante dúctil y elástica como para satisfacer los derechos humanos y nacionales de los pueblos que lo integraban, erigiéndose en una auténtica comunidad plurinacional para la protección y el bienestar económico de todos sus componentes (2). 

Eugenio Kvaternik, el colaborador más allegado de Starcevic, consideró en 1871 que el momento era oportuno para intentar una sublevación armada revolucionaria en la Marca Militar.
Tal el marco político-administrativo y económico de la región natal de Starcevic.
Cursó los estudios primarios en Klanac y los secundarios en Zagreb. De su educación se ocupó su tío, presbítero y párroco, hombre de horizonte abierto, conocedor de las obras de Jean Jacques Rousseau, literato, filólogo, gramático y colector de proverbios y dichos populares y del tesoro folklórico de Croacia.
La niñez y la madurez de Starcevic transcurrieron en condiciones bastante duras. En su libro de recuerdos no hay sentimentalismos falsos ni emociones convencionales: no era del tipo de hombres propensos a embellecer su juventud. Siempre le dominaba la razón, el intelecto. En sus juicios era muy severo, tanto con los amigos como con los adversarios.
"Desde mi niñez, confiesa, aprendí a llamar a cada cosa por su verdadero nombre. Si puedo, no quiero renunciar a ese principio y a esa costumbre, sino que hablaré con franqueza, tal como pienso, y si no es permitido, me callaré".
En la escuela secundaria es mayor que sus condiscípulos, hecho que le vale el apodo de "Viejo" (Stari), muy usado luego por su adictos como expresión de cariño y de respeto.
El año 1841 marca el comienzo de los primeros partidos políticos modernos en Croacia. También en el Imperio de los Habsburgos se sienten las secuelas de la Revolución Francesa, que en su país de origen aspira a la igualdad política y social, mientras que en la plurinacional monarquía danubiana estimula, en primer lugar, los anhelos de la emancipación nacional. Después de 1830 el liberalismo, como herencia de la Revolución Francesa, libra el combate en toda Europa con el conservadorismo, la reacción contrarrevolucionaria y el sistema absolutista. En la monarquía de los Habsburgos el liberalismo adquiere netos colores nacionalistas.

El resurgimiento nacional croata de las primeras décadas del siglo pasado, que empezó más bien como un movimiento de renovación cultural, muy pronto se convierte en acción política, y el nacionalismo croata en su concepción paneslava choca con el nacionalismo húngaro, que cada vez más se identifica con la comunidad estatal húngara. En Croacia se entrecruzan y enfrentan los intereses de la Viena monárquica con los de la Budapest nacionalista.
En 1845, terminados los estudios secundarios, no le quedó otra alternativa que entrar en el seminario mayor de Budapest. Antes había participado en las reyertas políticas y publicado sus primeros trabajos literarios en verso y prosa en el periódico Danica. Muy pronto Starcevic se da cuenta de que su vocación no es la sacerdotal y se doctora en filosofía, pensando dedicarse a la docencia. Por motivos políticos nunca pudo enseñar, sino que se ganaba la vida trabajando como empleado en un estudio jurídico de Zagreb. Pasa por varias crisis espirituales, pero con gran temple las supera. Incluso en sus primicias literarias habla de repente como un filósofo estoico, lleno de dudas, desdeñoso de las vanas ambiciones humanas. Nadie en la literatura del resurgimiento nacional croata escribió en un lenguaje tan vigoroso y rico, plástico y dinámico como lo hizo Starcevic describiendo las costumbres populares.
El turbulento año europeo 1848 está signado por convulsiones y revoluciones, motines y sublevaciones, prevaleciendo en unos casos el contenido social, como en las rebeliones de París y Viena; en otros, las aspiraciones a la vez emancipadoras y expansionistas, como el movimiento de fuerza del líder húngaro Luis Kossuth, y en otros, el deseo de liberación y emancipación nacional, tal como sucedió en Croacia, Italia y Polonia.
Croacia en 1102, extinguida su dinastía nacional, se vinculó con Hungría mediante la llamada "Unión personal", es decir, sólo el rey les era común, mientras que en los demás asuntos los dos estados eran soberanos e independientes. A principios del siglo XVI ambos Estados, ante el inminente peligro turco, reconocieron por su soberano a los titulares de la Casa de Austria. En esta larga y delicada convivencia estatal Croacia debió oscilar ora hacia Viena ora hacia Budapest para superar muchas y difíciles vicisitudes históricas, siendo siempre un reino asociado con atributos soberanos, atributos que nunca perdió del todo. 

El parlamento de Zagreb decidió en 1847, unánimemente, que el croata fuera el idioma oficial en la administración, las escuelas y la justicia, contra los intentos de la magiarización y la germanización. Pero como los húngaros no desistían de sus pretensiones expansionistas, en 1848 estalló la guerra entre Croacia y Hungría. Las tropas croatas, al mando del general Josip Jelacic derrotaron a los húngaros. Starcevic en esta oportunidad, como haría luego durante toda su vida pública en los momentos de acción, asume actitudes más bien teóricas y contemplativas, porque en primer lugar es un filósofo, un ideólogo y un moralista. Sobreviene el absolutismo del emperador Francisco José I.

Starcevic en su labor literaria trata de elaborar un nuevo ideal, digno de ser imitado, un ideal de ciudadano según el calco romano, de varón estoico que con indiferencia recibe los golpes del destino, fiel hasta las últimas consecuencias al principio de la nacionalidad y la libertad. Como escritor se torna filósofo-moralista, y como tal quiere erguirse en maestro y en conductor del pueblo, acota su biógrafo Josip Horvat (3). 

Escribe ensayos psicológicos y filosóficos, inspirados por Montaigne. Lee y estudia mucho. Lee en griego, latín, alemán, francés y húngaro. Adquiere vastos conocimientos tanto de la cultura antigua como de la contemporánea. Escribe estudios sobre la niñez, la juventud, la madurez y la vejez. Abandona la poesía, que no condice con su temperamento de pensador hondo y realista, audaz, irónico, de principios firmes e inconmovibles. Llega a figurar entre los escritores satíricos más mordaces de su época. Se burla de los austrófilos y magiarófílos, de la raza servil, de los advenedizos y veletas que renuncian a sus ideales y principios por un plato de lentejas.
Incursiona también en el campo lingüístico y en los temas históricos, encarando los problemas con enfoques modernos y espíritu científico. Se opone resueltamente -con toda la razón, según lo comprobarán los tiempos posteriores- al llamado Acuerdo de Viena, cuando un grupo de lingüistas croatas y servios eligieron el dialecto ijekavski como la lengua literaria común, sin tener en cuenta la larga tradición literaria croata y todas las diferencias que separan a los dos idiomas. Durante el absolutismo de Bach (1850-60) la política y la literatura se funden, pues la literatura es el único campo libre; concibe la nacionalidad como un conjunto de individuos libres, de modo tal, que influir sobre la nación equivale a influir sobre los individuos. Los afanes científicos lo llevan al terreno político, la política a la filosofía y la filosofía al hombre. Los trabajos de Starcevic van cobrando cada vez más importancia filosófica. La idea fundamental de la Revolución Francesa, expresada en la "Declaración sobre los derechos humanos", que manifiesta que es permitido hacer todo lo que no perjudica a los demás, idea acorde con la ética de la tradición croata, se convierte en el fundamento de la filosofía de la historia de Starcevic, y de ahí sus conceptos políticos.
Se conserva una carta de Ante Starcevic de 1852, de la que se colige que en esa época había terminado la traducción de la Sagrada Escritura al croata y escrito un libro original sobre la ética, además de cuatro obras dramáticas.
En sus escritos, publicados en la década del 1850, ironiza y fustiga a los pusilánimes, a los que se doblegan, a los intrigantes y egoístas, a los frívolos y rapaces. Su sátira es implacable, pero su propósito era despertar el sentido ético y patriótico. Pone su vida al servicio de una profunda idealidad moral, y en su nombre flagela inexorablemente al vicio y los viciosos. La sátira presupone la indignación, presupone una alta y recia conciencia moral ofendida por la deshonestidad, la bajeza o la estupidez de los hombres.
Igual que Jean Jacques Rousseau, su autor favorito, cuyos versos pone como lema a su fascículo de "Recuerdos", queriendo expresar con ellos la misión de su vida:
Pauvres aveugles que nous sommes! Ciel, demasque les imposteurs, Et force leurs barbares coeurs A s'ouvrir aux regards des hommes,se levanta contra la civilización que corrompe al hombre, invoca las fuerzas celestiales para que lo ayuden a desenmascarar a los impostores y los falaces.

Hombre de amplios horizontes y clara visión, demócrata convencido, Starcevic fue el primero en considerar a los musulmanes bosníacos como parte integrante e inalienable del pueblo croata, hermanos de sangre, en idioma, tradiciones, sólo separados por la religión, aspecto éste irrelevante para él.

Como consecuencia de las derrotas de Magenta y Solferino (1859) el emperador Francisco José I restituyó la constitución. El parlamento croata fue convocado y su cometido era optar por alinearse con Viena o con Budapest. En este difícil trance histórico, signado por claudicaciones e incertidumbres, aparece una nueva corriente, vigorosa e inequívoca, encabezada por Ante Starcevic y Eugenio Kvaternik. Su lema era: ni con Viena ni con Budapest, sino Croacia sola, apoyándose en su derecho histórico-estatal, en el derecho de la autodeterminación nacional y en la conciencia nacional. (Más tarde este programa será modificado, pues la realidad lo obligará a reconocer a los Habsburgos como soberanos). Starcevic funda el Partido Croata del Derecho. Sus partidarios quieren tratar directamente con el emperador sin tener en cuenta ni a Hungría ni Austria. De allí su lema "Dios y los croatas", lo que quiere decir que en Croacia no deben gobernar ni Viena ni Budapest, ni los alemanes ni los húngaros, sino sólo Dios y los croatas, o sea el pueblo soberano. Starcevic, admirador y coetáneo de Mazzini y Cavour, adopta una divisa parecida a la del Risorgimento italiano: Italia fará da se. Por ende, su lema "Dios y los croatas" no entraña ningún tipo de exclusivismo, intolerancia o teocracia, sino simplemente quiere decir que los croatas, apoyándose en sus propias fuerzas y confiados en Dios, podrán recuperar la libertad, la unión y la independencia nacionales. 

Como consecuencia de las derrotas de Magenta y Solferino (1859) el emperador Francisco José I restituyó la constitución. El parlamento croata fue convocado y su cometido era optar por alinearse con Viena o con Budapest. En este difícil trance histórico, signado por claudicaciones e incertidumbres, aparece una nueva corriente, vigorosa e inequívoca, encabezada por Ante Starcevic y Eugenio Kvaternik. Su lema era: ni con Viena ni con Budapest, sino Croacia sola, apoyándose en su derecho histórico-estatal, en el derecho de la autodeterminación nacional y en la conciencia nacional. (Más tarde este programa será modificado, pues la realidad lo obligará a reconocer a los Habsburgos como soberanos). Starcevic funda el Partido Croata del Derecho. Sus partidarios quieren tratar directamente con el emperador sin tener en cuenta ni a Hungría ni Austria. De allí su lema "Dios y los croatas", lo que quiere decir que en Croacia no deben gobernar ni Viena ni Budapest, ni los alemanes ni los húngaros, sino sólo Dios y los croatas, o sea el pueblo soberano. Starcevic, admirador y coetáneo de Mazzini y Cavour, adopta una divisa parecida a la del Risorgimento italiano: Italia fará da se. Por ende, su lema "Dios y los croatas" no entraña ningún tipo de exclusivismo, intolerancia o teocracia, sino simplemente quiere decir que los croatas, apoyándose en sus propias fuerzas y confiados en Dios, podrán recuperar la libertad, la unión y la independencia nacionales. 

Como protonotario (secretario general) de la gobernación de Rijeka y como diputado nacional, Ante Starcevic define su posición política, basada en el derecho histórico-estatal y en el derecho de autodeterminación nacional, nacido con la Revolución Francesa. Desde los días del emperador José II en Croacia no se había oído una voz tan valiente, que alienta y estimula a los débiles y los escépticos en la dura lucha por la liberación de Croacia. Starcevic y Kvaternik en sus discursos en el parlamento exigen: 

"1º) El rey, a más tardar seis meses después de su entronización, deberá ser coronado en Croacia, y en esa oportunidad jurará por la Constitución croata. 

2º) Llevará el título de "rey de toda la Croacia" (totius Croatiae rex). 

3º) El reino de Croacia y la corona croata son independientes de la corona húngara. No obstante, el parlamento (Sabor) concertará con Hungría una alianza política para la defensa recíproca de la Constitución y la libertad". 

Abogando por esta moción Starcevic pronunció su célebre discurso el 26 de junio de 1861, manifestando entre otras cosas:
"Nosotros, si nos sacamos de la cabeza la creencia, impuesta por Austria y Rusia, que nosotros, sostenedores de Austria, somos tan débiles que no podemos vivir de otra manera sino como esclavos, debemos decirles a los croatas que un esclavo lo pasa igual en una república americana o bajo el despotismo austriaco o ruso... Sabemos que hay gobernantes que hoy darían a sus pueblos el décuplo de lo que esos pueblos reclamaban un día antes del derrumbe del trono de esos monarcas. Austria sabe que han llegado los tiempos en que a los pueblos les interesan tanto los tronos cuanto a los tronos les interesan los derechos del pueblo y que los pueblos responden al llamado de los tronos en la medida que lo hacen éstos cuando el pueblo los llama". 

Estas palabras revelan la perspicacia de Starcevic, quien previó el derrumbe del trono de los Habsburgos, acaecido en 1918, por haber desoído el llamado de sus pueblos que reclamaban los inalienables derechos nacionales (4).

El programa político de Starcevic se basa en el derecho histórico croata y en el derecho de los pueblos, tal como fue definido por la Revolución Francesa, o sea, que el pueblo es la fuente y el destinatario de todo poder. Cada pueblo debe decidir sobre su destino. Por ello reclama la integridad territorial de las provincias croatas, su unificación.

Lector asiduo del diario liberal belga Indépendance Belge, partidario ferviente del lema de la Revolución Francesa: "La nation assamblée ne peut recevoir d'ordres", pone el derecho como fundamento de su lucha y de su predicamento ideológico-político. De ahí también la denominación de su agrupación "Partido del Derecho".
Esteban Radic, jefe del Partido Campesino Croata e indiscutible líder croata, alevosamente asesinado en el recinto del parlamento belgradense en 1928, dijo que la idea de derecho siempre prevaleció sobre la idea de fuerza en la mente y en los corazones del pueblo croata. Starcevic, recalca Francisco Nevistic en su notable estudio con motivo del centenario de la fundación del Partido del Derecho, era un profundo pensador y vivía su mundo reflexivo en las categorías ético-jurídicas. Se podría decir que poseía muy pronunciada formam mentis juridicam. No en el sentido de un formalismo jurídico-positivista sino, ante todo, convencido plenamente de que el derecho radica en las leyes naturales de la índole intelectivo-ética del hombre (5). Como hombre político, stricto sensu, volcó todo su mundo intelectual y espiritual al terreno político, a la vida pública. Por ello él enfocaba y evaluaba todos los problemas en las categorías del derecho, categorías transmisoras de los valores ético-jurídicos. 

A modo de ilustración, reproducimos a continuación sendos pasajes que reflejan la filosofía político-estatal de Starcevic: 

"Majestad, la confianza mutua es la base y el meollo de toda sociedad y la esencia de la sociedad sublime y casi divina que se llama Estado; es el alma de la sociedad en la que la Providencia se manifiesta en toda su perfección de modo más excelso y cabal. Siendo la confianza hija de la sinceridad, y la sinceridad sólo nace de lo sagrado del propósito y de sus medios conducentes, sucede también en la vida de estados que de un modo u otro se desvían del derrotero que la sempiterna sabiduría les fijó mediante la mente y su revelada voluntad para que sea el mojón y el espejo de sus hechos y aspiraciones".(6) 

La base estatal y el camino del que habla Starcevic es el derecho. Justicia fundamentum regnorum. Citamos lo que piensa Starcevic del derecho: "Considero que el derecho es el problema más serio y fundamental para los pueblos y los gobernantes... Los derechos naturales son sagrados como lo es la misma naturaleza. Si por una educación equivocada la mayoría de la gente no llega a percibir su esencia, no ve en forma directa su carácter sagrado, de modo que para muchos quedan oscuros y sin la fuerza indispensable. El principio básico de esos derechos y leyes es: el individuo y el pueblo deben buscar su felicidad hasta encontrarla en la forma más perfecta bajo el gobernante que sea. Nadie puede despojarse de este deber como tampoco de la naturaleza humana, y por ello carecen de fundamento y de todo valor todas las instituciones y obligaciones contrarias a ese principio". 

Como en esa época se habían entronizado la arbitrariedad, la injusticia, la coacción y la opresión, Starcevic trataba de salvar la individualidad nacional frente a la forzada germanización y magiarización. Invoca los derechos y fueros histórico-estatales, apela al derecho de las naciones para dar a su partido un aditamento jurídico. En un memorial dirigido al emperador Francisco José I en 1878, Starcevic le decía "Majestad, en los estados de derecho, y tal es el reino de Croacia, la soberanía es del pueblo, y si los soberanos no son convencidos de esta verdad y no se atienen a ella, la situación cambiará en perjuicio de ellos". El 26 de junio de 1861 había pronunciado su célebre discurso en el Parlamento, atacando vigorosamente a Austria y sentando las bases de lo que habría de ser el Partido del Derecho Croata. Respecto del destino de esa monarquía -agregaba proféticamente- que no se mofe Austria de nosotros; no vaya a ser que la suerte dé vuelta y la burla caiga sobre ella. El pueblo croata, en todas las desdichas que injustamente sufre por culpa de Austria, conserva siempre un don inapreciable que es la fe en Dios y en sus propios brazos". 

Volvió sobre el tema el 14 de octubre de 1878, presentando al Parlamento una nota dirigida al rey de Austria-Hungría, en la que reclamaba la independencia total de Croacia, puntualizando: "No comprendo lo que quieren decir quienes afirman que el reino de Croacia, que por siglos resistió al Oriente y al Occidente, no puede vivir solo, independiente. Ningún pueblo puede existir fuera de la comunidad de otros pueblos. No obstante, cada aldea puede ser como un estado independiente". 

Starcevic era un demócrata a carta cabal, en el sentido moderno de la palabra, pues sostenía aun en la época del legitimismo monárquico que "los partidos políticos son el signo y la prueba de la libertad y la fuerza del estado, de tal manera que donde no hay partidos allí tampoco hay libertad".
Respetaba sobre todo a Napoleón III por haber "abolido el derecho de la conquista e introducido en el derecho internacional el artículo según el cual los pueblos y las poblaciones sin su consentimiento no pueden ser empujados como el ganado de un estado a otro".
Nos limitaremos a citar tan sólo lo que escribió en el periódico Sloboda (Libertad) el 25 de junio de 1879 en un artículo titulado "Príncipe Luis Napoleón" (tratase del príncipe Eugene Louis Jean-Joseph, hijo único de Napoleón III, quien pereció en Sudáfrica). Allí Starcevic dijo: "Nos conmueve la muerte de Luis Napoleón, no porque se tratara de un pretendiente francés, sino porque con él la causa noble perdió a su protector. Hubiera subido o no al trono, con su solo e insistente empeño de tratar de convertirse en un digno heredero de las tradiciones de su familia, se había hecho ya merecedor de ello en la lucha por la libertad del pueblo. Tales tradiciones están contenidas en una de las ideas más saludables para el pueblo que conoce la historia. Idea que, por ser consustancial con la misma naturaleza humana, perdurará en la vida de los siglos venideros: la idea de la nacionalidad. Lo que está unido por la naturaleza de su origen, por el mismo idioma y las costumbres, por los propios intereses, deben fundirse en una unidad estatal, y si su pasado no es común, debe serlo su futuro. Entre los textos que dictó al Conde Las Cases en la isla Santa Elena, es fácil colegir qué grandes planes abrigaba, en este sentido, Napoleón I. Y así como éste quiso liberar y unificar a los pueblos -el croata y el polaco-, así su sobrino ayudó a liberar y unificar a Italia. Nosotros, los croatas, de aquel miserable (dinastía de los Habsburgos) que nos debe su mismísima existencia, nada podemos esperar desunidos, desnacionalizados, desesperados, sino confiar en la idea napoleónica, y ésa no es otra que la del Partido del Derecho". (7) 

Por la integridad y la claridad de su doctrina, por la firmeza y la constancia en la defensa de sus convicciones, Starcevic parece el político croata más inflexible y consecuente. Perseveró en el camino elegido tras una larga y madura reflexión. Era huraño, tosco y solitario. Austero y modesto en su modo de vivir y vestir. Rehuía todas las ostentaciones y si le sobraba algún dinero, después de satisfacer sus necesidades más elementales, lo repartía entre los pobres. No se casó ni formó hogar para poder dedicarse exclusivamente a sus deberes patrióticos. Era tolerante y muy liberal a la vez. respetaba siempre la opinión ajena si provenía de una convicción honrada y se ensañaba contra los impostores y fariseos, los oportunistas y calculadores. Sólo en esos casos era despiadado, satírico y demoledor. Era comprensivo y amplio con el criterio de los demás, incluso con el parecer divergente de sus propios correligionarios. En las instrucciones impartidas a sus seguidores en 1871, art. 23, dice textualmente: "No culpar a los hombres como tales o como funcionarios gubernamentales, sino toda la responsabilidad atribuirla al sistema y a los que lo implantaron o lo defienden".
Acuñó el nuevo vocablo slavosrbi (eslavoserbios), para calificar a los oportunistas, vendepatrias, sicarios, gente de casta servil y sin principios ni convicciones, traidores e impostores. El término está compuesto por dos voces latinas: esclavus (esclavo) y servus (sirviente, siervo). A esos tipos, a esa calaña la fustigaba con una vehemencia inaudita, de manera que sus partidarios fueron llamados los "furibundos", los "enfurecidos" (steklisi). El vocablo "eslavoservio" significaba las peores condiciones morales y humanas. La casta eslavoservia quiere decir la "casta servil", baja, vil, y no se refiere a un pueblo determinado sino a cierta categoría moral que se da en todo país y en todas las épocas.

 n Algunos recuerdos Starcevic describe al sujeto eslavoservio en los siguientes términos:

 

"¿Quiénes son los eslavoservios? Quien conoce a Austria debería conocer también a los eslavoservios, las criaturas que se prestan a defenderla. Quien conoce a los eslavoservios debería conocer igualmente a Austria, detrás de cuyo gobierno se hallan ellos. Los eslavoservios son la escoria de un pueblo, una especie de hombres que se venden a quien quiera y por el precio que quiera, y que a cada postor le ofrecen a Croacia, si no se consigue más, por un plato de lentejas; gente de la que cualquiera se avergonzaría, excepto Austria y otros gobiernos malos. Una calaña de hombres que a lo mejor un buen gobierno les reservaría la tarea de limpiar la pipa; gente que por su propia naturaleza está en contra de lo bueno, noble y sublime y que parecería borrar de la Tierra al pueblo croata, hallándose empeñada en este propósito. Estos eslavoservios, estas fuerzas están trabajando en Croacia para Austria".(8)
Los adversarios de la independencia de Croacia imputan a Starcevic su pretendido chovinismo y un nacionalismo obcecado, o, lo que es peor, un supuesto exclusivismo nacionalista. Nada más lejos de la verdad. En el artículo "Los eslovenos y los servios", escrito en marzo de 1883, Starcevic dice entre otras cosas:

"En cada país hay grupos distintos por su idioma, religión, raza, etc., y, por consiguiente, usan distintos nombres nacionales. En Croacia viven grupos de italianos, judíos, gitanos, etc. No creemos que esas denominaciones perjudican a la totalidad de la población o a la patria. Mientras subsiste esta situación, nuestra postura es la siguiente: ni sacar ni imponer esos nombres, que cada uno los use o cambie como quiera. Pero hay cosas que pueden y deben beneficiar o perjudicar no sólo a estos grupos sino a todos los habitantes de la patria, sin distingo de su nombre. Esos asuntos conciernen a la legislación total. Malas leyes, el peso de los impuestos excesivos, la inseguridad personal y patrimonial, etc., esos y semejantes asuntos abruman no sólo a los católicos sino a los servios (ortodoxos), luteranos, calvinistas y judíos: a todos los habitantes de Croacia, llámense como se llamen.
"Si estos asuntos se arreglan bien, se beneficiarían todos los habitantes de la patria, prescindiendo de sus nombres nacionales. En consecuencia, para arreglar bien estas relaciones todos los habitantes de Croacia deben vivir en concordancia sin mirar cómo se llama uno u otro.
"Ateniéndome a esos principios, sinceramente quiero y por hermano tengo al servio, alemán, italiano, judío, gitano, luterano etc., a todo aquel que trabaja por el bien común y por el bien de la patria entera; asimismo, tememos al croata y al servio y a todo aquél que está en contra de estas cosas sagradas".(9)
Aquí se impone trazar un escueto parangón histórico entre dos vidas paralelas, a guisa de Plutarco. Salvando las distancias geográficas y temporales y las diferentes circunstancias, se encuentra gran similitud de ideas y de carácter entre el general José de San Martín, libertador del continente sudamericano, Padre de la Patria del pueblo argentino, y Ante Starcevic, Padre de la Patria para los croatas. Ambos eran paladines de las libertades y los derechos individuales y nacionales. Ambos se inspiraron en los grandes ideales e ideas de la Revolución Francesa. Ambos lucharon y dedicaron su vida para sacudir el yugo del dominio extranjero que oprimía a sus respectivos países.
Muchos juicios que Ricardo Rojas en su biografía El Santo de la Espada vertió sobre el general San Martín son aplicables a la personalidad de Starcevic. A continuación, transcribimos asimismo algunos de estos juicios, en los que se refleja también la semblanza de Ante Starcevic, prócer croata.

"Mostraba seguridades en sus opiniones, fundando sus juicios en los hechos. No se engreía en el éxito, ni se quejaba en la derrota. Sometió su vida, desde joven, a una severa disciplina y halló su religión en el deber... La aureola mística de su heroísmo proviene de su aptitud para el sacrificio... Con magnánima seriedad bajó al abismo de las peores pasiones humanas y volvió de ellas más sabio y más sereno... No tuvo fruición del mando ni del dinero, ni de la lujuria... Sobrellevó enfermedades, trabajos, pobrezas, ingratitudes y calumnias con- impresionante resignación; en ello consistió su santidad laica que se confunde con el deber y que no buscaba premios celestiales ni terrenales".

El lema que guiaba la vida de San Martín rezaba: "Serás lo que hay que ser o no eres nada", y el de Ante Starcevic: "Cumplir con su deber" (Ispuniti svoje drzanstvo). Para Starcevic, como para el mariscal alemán Paulus von Hindenburg, "el primer derecho del hombre es cumplir con su deber".
Tanto San Martín como Starcevic lo hicieron a conciencia y legaron este excelso e imperecedero ejemplo a la posteridad. De allí la atracción mágica de su personalidad. El pueblo argentino rinde el merecido homenaje al fundador de la nacionalidad y el pueblo croata espera con profunda fe poder rendirle a su fundador nacional el merecido tributo, con esta fe que el lúcido visionario le inculcó en un futuro mejor de Croacia pese a todas las adversidades actuales.
El nacionalismo croata, que en nuestro caso no es otra cosa que un auténtico y natural patriotismo, reposa en los valores básicos de la tradición europea. Este nacionalismo no es agresivo, ni expansionista, ni se arroga misiones irreales. Únicamente persigue que Croacia viva como una individualidad nacional en la gran comunidad europea occidental, compartiendo sus derechos y deberes. Por ello no es anacrónico, sino vital y actual. Croacia únicamente como una individualidad nacional puede integrarse en la comunidad europea a la que pertenece por su cultura, por sus tradiciones y su mentalidad. Libres e independientes, los croatas pueden aportar gran contribución a los esfuerzos conjugados de los pueblos europeos que buscan su prosperidad y felicidad. Bregando por esos ideales los patriotas croatas no hacen otra cosa sino "cumplir con su deber" y rendir tributo al fundador de su nacionalidad que les trazó este camino.
Ante Starcevic falleció el 28 de febrero de 1896, a los 73 años de edad. Fue enterrado en el cementerio aldeano de Sestine, en los alrededores de Zagreb, tal como quiso en su testamento, junto a los humildes campesinos croatas.
El pueblo rindió allí homenaje a su hijo predilecto emplazando el 11 de octubre de 1911 un monumento a su memoria, obra del escultor Ivan Rendic. Desde entonces hasta hoy, pese a las persecuciones y sanciones, no faltan flores frescas, como expresión de cariño y fidelidad a los grandes ideales del prócer nacional.
Esteban Radic (1871-1928), mártir y líder democrático croata, pronunció el 11 de junio de 1922 un discurso en la tumba que guarda los restos de Starcevic, y entre otros conceptos dijo:
"... esta gloriosa tumba, alrededor de la cual nos hemos reunido hoy como hombres y como croatas, es un gran altar de aquella magnífica y grande idea que otorga a la nacionalidad croata su verdadero contenido y valor. Esta idea es la idea de derecho, más fuerte que todo otro poder; la idea de la autodeterminación de un pueblo contra cualquier tipo de tiranía. ¡Oh grande e inconmovible hijo de la pequeña y pedregosa Lika! Cuando estabas poniendo los cimientos del partido de autodeterminación del pueblo, los poderosos gobernantes se burlaron de ti, insinuando poder trasladar en un canasto a todos tus seguidores por sobre la cima de Sljeme (montaña cerca de Zagreb). ¡Pero mira! Hoy todos nosotros, los croatas, somos "pravasi", es decir, seguidores del derecho de la autodeterminación; todos somos seguidores de una política humanista de paz y trabajo... Tu mérito grande e imperecedero es que hoy nosotros los croatas estamos unidos espiritualmente y en esta concordia interna somos fuertes e invencibles".

1) Alejandro Dussaut, La Prensa, Buenos Aires, 21 - XI - 71.
2) Véase: Branko Kadic. "El revolucionario Eugenio Kvaternik", Studia Croatica, 1971, vol. 42-43, pág. 125-134, Buenos Aires.
3) Josip Horvat, Ante Starcevic, Zagreb 1940, p. 99.
4) Dr. Lovre Katic, Pregled Povijesti Hrvata, Zagreb 1938, p. 235-6.
5) F. Nevistic, Hrvatska Revija, 1961 pp. 197-212, Buenos Aires.
6) Blaz Jurisic, Ante Starcevic: Izabrani spisi (Escritos escogidos), Zagreb 1943, p. 7
7) Idem, p. 532.
8) Ibidem, p. 535.
9) Idem, p. 248.

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