Por qué elegir la región de Split?
Tanto la cultura como la historia han sido generosas con esta zona que proporcionó inspiración a artistas desde la Antigüedad clásica, sobre todo a aquellos que demostraron su talento creador sobre la piedra y que hoy es visible en los muros y palacios de sus pueblos y centros urbanos. De hecho, los edificios de piedra son una de las características más remarcables de Dalmacia central. Actualmente estos pueblos y centros urbanos ofrecen paz y tranquilidad, a la vez que unas noches alegres y bulliciosas, impregnadas del espíritu del sur mediterráneo. Las obras en piedra, mármol y madera en el territorio de Dalmacia central, creadas desde la Antigüedad hasta nuestros días, nunca se han limitado a recintos eclesiásticos o museológicos, sino que siguen presentes en las casas, las fachadas y los núcleos históricos de sus poblados, compuestos principalmente por edificados románicos y góticos, verdaderas obras maestras de la cultura urbana. En ningún lado como en Dalmacia central puede uno encontrar a tan sólo 30 km de distancia dos ciudades bajo la protección de la UNESCO, lugares que forman parte del Patrimonio Cultural Mundial: el Palacio de Diocleciano y el núcleo histórico de la ciudad de Trogir.
Patrimonio natural
También la naturaleza ha sido generosa con Dalmacia central, ya que existe armonía entre los centros urbanos y la naturaleza excepcionalmente bien conservada a lo largo de un litoral densamente poblado y sobre una serie de islas cubiertas de vegetación. En la localidad de Bol, en la isla de Braè, es donde se encuentra el famoso Cabo dorado, una playa cuya forma cambia según la dirección del viento y las olas. Dalmacia central se caracteriza por largas playas naturales de guijarros y roca, dotadas de una protección natural del sol, aquella proporcionada por la sombra de los pinos dálmatas, típicos de la costa de Makarska y, en particular, de la localidad de Brela. Según la opinión popular, precisamente Brela tiene las más bellas playas naturales de todo el Adriático, abiertas hacia un mar cristalino. Directamente sobre estas playas se eleva el sistema montanoso del Parque Natural de Biokovo, del cual dicen que tiene" los pies en el mar y la frente en los relámpagos". Su cumbre llamada San Jorge, a 1762 metros de altura, en días soleados ofrece una vista clara de las islas más remotas en mar abierto. Biokovo es el hábitat de numerosas especies endémicas de plantas y animales, con rebecos que incluso hoy pasean por sus escasos pastos. El Parque es conocido también por sus fantásticos amaneceres estivales. Uno de los fenómenos naturales más atrayentes del Adriático es la Gruta Azul (Modra ¹pilja) en la pequena isla de Bi¹evo, cerca de la otra más grande de Vis. Se accede a la gruta de 17 metros de anchura y 31 de longitud por una pequena apertura entre las rocas. La luz solar penetra en el interior de la gruta por una grieta submarina que ilumina el agua y a los visitantes con unos tonos azul plateados. Cerca de la Gruta se encuentra el único hábitat conocido de la foca monje mediterránea.
Patrimonio cultural
Tanto la cultura como la historia han sido generosas con esta zona que proporcionó inspiración a artistas desde la Antigüedad clásica, sobre todo a aquellos que demostraron su talento creador sobre la piedra y que hoy es visible en los muros y palacios de sus pueblos y centros urbanos. De hecho, los edificios de piedra son una de las características más remarcables de Dalmacia central. Actualmente estos pueblos y centros urbanos ofrecen paz y tranquilidad, a la vez que unas noches alegres y bulliciosas, impregnadas del espíritu del sur mediterráneo. Las obras en piedra, mármol y madera en el territorio de Dalmacia central, creadas desde la Antigüedad hasta nuestros días, nunca se han limitado a recintos eclesiásticos o museológicos, sino que siguen presentes en las casas, las fachadas y los núcleos históricos de sus poblados, compuestos principalmente por edificados románicos y góticos, verdaderas obras maestras de la cultura urbana. En ningún lado como en Dalmacia central puede uno encontrar a tan sólo 30 km de distancia dos ciudades bajo la protección de la UNESCO, lugares que forman parte del Patrimonio Cultural Mundial: el Palacio de Diocleciano y el núcleo histórico de la ciudad de Trogir. Fantásticas obras sobre piedra han sido conservadas para la posterioridad, como el portal de la Catedral de Trogir, esculpido por la mano del Maestro Radovan en el ano 1240. Bonino de Milán, Juraj Dalmatinac, Andrija Ale¹i y Nikola Firentinac también dejaron aquí sus grandes obras sobre la piedra. El marco de la puerta de la catedral de Split esculpida en madera de nogal por el maestro Andrija Buvina en 1244 es una referencia importante en la historia de la escultura románica. La catedral de Split es el edificio más antiguo del mundo en albergar una catedral católica, ya que una parte del mismo lo constituye el mausoleo construido por el emperador Diocleciano. La riqueza de la tradición artística de esta región, basada en la obra de los que encontraron aquí la inspiración para sus obras más bellas, ha dado lugar a numerosas celebridades, como Emanuel Vidoviæ, el más famoso pintor croata de finales del siglo XIX y principios del XX. El cenit de la escultura fue alcanzado por Ivan Me¹troviæ, natural del pueblo de Otavice cerca de Drni¹, cuyas obras honran museos y galerías en todo el mundo. En la misma ciudad de Split, además de una serie de obras en la Galería Me¹troviæ, se puede apreciar también su célebre monumento de bronce al obispo Gregorio de Nin, situado en el portal septentrional del palacio imperial de Diocleciano. Según la leyenda, se cumplen los deseos de aquellos que tocan el pulgar del pie de la estatua. Dentro del antiguo palacio imperial en Split se encuentra la calle más estrecha del mundo llamada Pusti me proæi (Déjame pasar), ya que dos personas no pueden pasar por ella a la vez.
Una experiencia especial es la visita a la ciudad de Trogir, una población fundada en el siglo III y prácticamente toda ella un museo. Su centro tiene un diámetro de sólo 750 pasos, medida determinada y registrada hace siglos por el historiador Pavao Andreis. El aspecto actual de la localidad es el de una bien proporcionada ciudad de piedra, con una rica historia que, entre otras cosas, conserva en el milenario convento de San Nicolás una figura en bajorrelieve (s. IV a.C.) de Kairós, el dios griego del instante feliz. Aquí se encuentran también algunas de las más valiosas obras de la historia del arte y de la arquitectura en piedra croata.
A sólo quince kilómetros se encuentra Salona, el mayor yacimiento croata de monumentos de la Antigüedad que, durante los siglos II y III, fue una verdadera metrópolis cosmopolita con 62 mil habitantes. Aquí también se encontraba la sede de los primeros reyes croatas. Otra referencia obligada es la fortaleza de Klis, construida en un penasco desde el cual los guerrilleros llamados uscoques defendían el paso de los avances turcos. Efectivamente, el ejército otomano nunca logró conquistar Klis, un hecho que la leyenda atribuye a la ayuda de la milagrosa Virgen María de Sinj, cuyo santuario se encuentra en las cercanías.
Braè es la isla más grande del archipiélago de Split que, gracias a la frecuencia y la rapidez de las líneas marítimas que conectan la isla con el continente, se está transformando en un suburbio de la ciudad. Braè es conocida por su tradición en la extracción de piedra blanca, incluso hoy en las canteras locales. La Casa Blanca en Washington, el Parlamento y el Palacio Nuevo en Viena, el Parlamento en Budapest, el Palacio de Diocleciano, las catedrales de Trogir y ©ibenik fueron todos construidos con esta hermosa piedra blanca...
También en esta isla se encuentra el fascinante convento Pustinja Blaca, construido sobre la misma roca en 1550 por los sacerdotes glagolíticos. El nombre de estos sacerdotes se debe al hecho de que, huyendo de los turcos, usaron la escritura glagolítica y la lengua croata en la celebración de sus misas. Con su telescopio y el piano traído de Viena, el convento es un testimonio de la vida medieval de la isla.
La soleada Hvar, recientemente incluida en la lista de las diez islas más bellas del mundo, es una de las islas más encantadoras de Dalmacia. Es difícil decir si la atención de los visitantes es cautivada por la armonía de la historia y del arte o por la belleza natural y el estimulante perfume de la lavanda. Una actividad obligada es la visita a Tvrdalj, la villa fortificada del poeta renacentista Petar Hektoroviæ, con su famosa piscina, así como un paseo por las calles de piedra pulidas a lo largo de los siglos y por la más amplia plaza de las islas adriáticas, situada en el centro del pueblo de Hvar. También se debe visitar el Arsenal y el primer teatro municipal de Europa, construido en 1612. (HTZ) |